Claves
- Entre 5.000 y 10.000 personas se manifestaron en la plaza de la Constitución de Ceuta
- Las cuatro comunidades religiosas de la ciudad convocaron el acto de forma unitaria
- El manifiesto exige una respuesta «inmediata» al Gobierno central y a las instituciones europeas
- El delegado del Gobierno no asistió y fue abucheado con peticiones de dimisión
Ceuta se echó a la calle este domingo con un mensaje claro dirigido al Gobierno central: la ciudad no puede seguir sola. Bajo el lema «Basta ya. Ceuta no se rinde», entre 5.000 y 10.000 personas —según la Policía Nacional y la organización, respectivamente— llenaron la plaza de la Constitución para exigir una respuesta institucional ante la entrada masiva de migrantes registrada el pasado 30 de julio.
La convocatoria tuvo un origen inusual y simbólicamente poderoso: las cuatro comunidades religiosas de la ciudad —cristiana, musulmana, hebrea e hindú— impulsaron la movilización junto a la Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos. Los organizadores quisieron presentar la concentración como un acto de unidad ciudadana por encima de credos, ideologías o procedencias, y el desarrollo de la tarde respondió, en líneas generales, a ese propósito.
El manifiesto: «Ceuta ha sufrido una violación de su integridad territorial»
El momento central de la tarde fue la lectura del Manifiesto por la Unidad de Ceuta, a cargo de Ramesh Chandiramani, presidente de la Comunidad Hindú, en representación de todos los convocantes. El texto fue precedido por el himno nacional. Chandiramani arrancó con una declaración rotunda —«Ceuta es España»— y describió la situación como «extraordinariamente crítica», denunciando que la ciudad ha sufrido «una violación de su integridad territorial».
El manifiesto reclamó al Gobierno de España, a las instituciones europeas y al conjunto de las administraciones públicas una respuesta «inmediata, decidida y proporcionada» que incluya medios humanos y materiales suficientes, atención prioritaria a la frontera y garantías para los servicios públicos y el bienestar de los vecinos. «Ceuta no puede afrontar sola una situación que supera ampliamente sus capacidades y que afecta al conjunto de España y de Europa», advertía el texto. Al tiempo, los convocantes marcaron distancia explícita frente a cualquier mensaje de rechazo hacia quienes llegan a la ciudad, subrayando la responsabilidad humanitaria.
La ausencia del delegado del Gobierno, blanco de la indignación
Entre los asistentes figuraba el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan Vivas, junto a representantes de la Asamblea y de distintos grupos políticos, si bien su presencia quedó deliberadamente en segundo plano para no condicionar el carácter ciudadano de la concentración. La presencia institucional más llamativa fue, precisamente, la que no se produjo: el delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez Triano, no acudió a la manifestación, y su nombre fue coreado entre gritos que pedían su dimisión.
Además de las consignas contra el delegado, los asistentes corearon «Basta ya», «Sánchez dimisión» —acompañado de algunos insultos— y «Ceuta española», entre otros mensajes, mientras se exhibían banderas de España y de la propia ciudad. El ambiente fue definido por los organizadores y la crónica del acto como reivindicativo pero sereno, sin incidentes registrados durante la hora larga que duró la concentración.
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