La policía española disponía de información precisa y detallada sobre el riesgo de desbordamiento en la frontera de Ceuta antes de que se produjera la avalancha humana. Según publica El Mundo, dos informes internos fechados el 27 y el 30 de julio advertían de manera explícita del peligro de «colapso» en el perímetro fronterizo y calificaban de «muy probable» una entrada masiva de personas procedentes del lado marroquí.

Los documentos, elaborados por la propia policía española, empleaban términos de máxima alerta: riesgo «extremo» y posibilidad de «avalancha humana». La gravedad del lenguaje utilizado en los informes contrasta con la respuesta institucional posterior, lo que alimenta la pregunta de qué medidas preventivas, si las hubo, se adoptaron a partir de esos avisos.

Dos avisos explícitos que no detuvieron el desenlace

El primer informe, del 27 de julio, ya ponía sobre la mesa la posibilidad de una llegada «masiva» y describía un escenario de saturación de los recursos disponibles en la frontera. Tres días después, el 30 de julio, un segundo documento reiteraba y agravaba el diagnóstico, elevando el nivel de riesgo y concretando aún más la probabilidad del incidente.

La secuencia revela que no se trató de un aviso puntual ignorado, sino de una alerta reiterada y sostenida en el tiempo por los propios servicios policiales. La publicación de estos documentos por parte de El Mundo sitúa la presión informativa sobre el Ministerio del Interior, que deberá explicar qué uso se hizo de esa inteligencia operativa y qué órdenes se cursaron —o no— a raíz de los informes.

El episodio refuerza el debate sobre la gestión de la presión migratoria en Ceuta, una ciudad que por su posición geográfica actúa como punto de máxima tensión en la frontera sur de España y, por extensión, de la Unión Europea. La existencia de estos informes previos convierte lo ocurrido en algo difícilmente calificable como imprevisible.