Claves
- El PP encadena tres polémicas en diez días generadas desde dentro del propio partido
- Las declaraciones de Feijóo sobre el absentismo confundieron bajas legítimas con fraude laboral
- Dirigentes internos advierten de que los errores propios dan oxígeno al Gobierno de Sánchez
- La estrategia de Génova choca con una comunicación que no afina el mensaje antes de lanzarlo
El Partido Popular ha vivido una semana y media de turbulencias generadas desde dentro de sus propias filas. En un período en que el Ejecutivo de Pedro Sánchez afrontaba menor presión judicial que en semanas anteriores, el principal partido de la oposición protagonizó una serie de polémicas sucesivas —sobre el absentismo laboral, la llamada 'ley de nietos' y la propuesta de elevar a norma nacional la ley del 'concebido no nacido' de Isabel Díaz Ayuso— que desviaron el foco de los problemas del Gobierno y generaron frustración interna. «Somos especialistas en meternos en líos innecesarios», reconocen dirigentes del partido consultados por medios nacionales.
La primera de las controversias arrancó con unas declaraciones de Alberto Núñez Feijóo ante empresarios vascos, en tono distendido, sobre el absentismo laboral. En apenas dos frases, el líder del PP confundió en el mensaje público las bajas por enfermedad legítimas, las ausencias injustificadas y las compensaciones pactadas en convenio colectivo. El resultado fue que la percepción que se instaló en la opinión pública —y que el Ejecutivo explotó de inmediato— era que Feijóo atribuía fraude generalizado a los trabajadores de baja. Los sindicatos y el Gobierno atacaron con dureza. El vicesecretario Juan Bravo, responsable de esta área en el partido, tuvo que salir en sucesivas entrevistas a matizar lo que su líder había lanzado sin red.
Un problema real, un mensaje mal calibrado
Lo que hace más llamativa la situación es que el PP lleva meses trabajando técnicamente en la cuestión del absentismo, un fenómeno que tanto la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) como el Banco de España han señalado como preocupante, y que el propio Ministerio de Seguridad Social reconoce como urgente sin haber logrado resolverlo. El gasto asociado a las bajas laborales ya se ha convertido en la segunda partida del sistema de Seguridad Social, solo por detrás de las pensiones. Que el PP tenga razón en el diagnóstico no impidió que la forma de comunicarlo resultara contraproducente: la polémica tapó el fondo y alimentó la narrativa del Gobierno sobre futuros «recortes» de la derecha.
El partido no emitió ninguna rectificación formal —tampoco está previsto que lo haga— pero la sensación entre sus cuadros es de oportunidad perdida. Ayuso salió al día siguiente a respaldar la tesis de Feijóo, aunque eso no frenó la sangría mediática. La conclusión compartida en distintos niveles del partido es que el mensaje debe prepararse con más precisión antes de lanzarlo públicamente, especialmente cuando se trata de materias sensibles para amplias capas de la población trabajadora.
La 'ley de nietos' y el riesgo de la hemeroteca
Días antes, el PP había activado las alarmas sobre una disposición adicional de la Ley de Memoria Democrática que podría amparar un proceso masivo de nacionalizaciones en Latinoamérica. Feijóo habló de «ingeniería electoral», sugiriendo que el Gobierno buscaba ampliar el censo en provincias donde el último escaño se decide por un margen muy estrecho. El mensaje mezclaba esa cuestión con la regularización extraordinaria de inmigrantes, aunque los beneficiarios de este segundo proceso no tendrían derecho a voto en elecciones generales. Otros dirigentes tuvieron que trabajar a contrarreloj para distinguir ambos asuntos y explicar que la alarma real se centraba en una instrucción del Ministerio de Justicia que, según el PP, alteraba el espíritu de la ley aprobada en las Cortes. El compromiso final del partido se limitó a «vigilar» la situación, lo que para muchos dentro de la formación resultó insuficiente en relación al ruido generado.
La tercera polémica llegó con el anuncio de que Feijóo llevaría al ámbito nacional la ley de Ayuso sobre el 'concebido no nacido', que reconoce al feto efectos jurídicos a efectos de ayudas a familias numerosas. Una iniciativa que el propio líder del PP impulsó en Galicia en 2011, pero cuya presentación esta vez no fue acompañada de ningún detalle adicional por parte del aparato del partido, generando incertidumbre sobre su alcance real.
La estrategia de fondo: dejar que el Gobierno «se queme»
El plan en la sede nacional del PP —conocida como Génova— combina una oposición dura centrada en los casos de corrupción que rodean al Ejecutivo con la presentación de una alternativa de gobierno creíble. El problema, señalan fuentes internas, es que las polémicas autoinfligidas de las últimas semanas han bloqueado precisamente los espacios en que el partido quería exhibir sus propuestas sectoriales. «Eso solo nos debilita», concluyen varios dirigentes. La advertencia que circula dentro del partido es que el Gobierno intentará «desestabilizar» a Feijóo hasta las próximas elecciones generales y que cualquier propuesta será examinada con lupa para extraer el mayor rédito político posible. En ese contexto, la disciplina comunicativa se convierte en una necesidad estratégica que, al menos en esta última semana y media, no ha estado a la altura de las circunstancias.
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