La acampada de plaza Cataluña trasladó este viernes su presión directamente a la sede barcelonesa de Junts, señalando al partido de Carles Puigdemont como responsable del bloqueo a los dos decretos de vivienda del Gobierno. La marcha, en la que participaron alrededor de cincuenta personas entre acampados, miembros del Sindicat de Llogateres y activistas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), se produjo en paralelo al debate parlamentario sobre la convalidación de esas normas.

Los Mossos d'Esquadra desplegaron un importante dispositivo para proteger las instalaciones del partido. Pese a ello, los concentrados corearon consignas directamente dirigidas contra Junts —entre ellas «Junts, cabrón, queremos soluciones» y «El que siembra miseria, recoge rabia»— y reclamaron una huelga general como respuesta a la crisis de acceso a la vivienda.

Las explicaciones de Nogueras, recibidas con silbidos

El momento de mayor tensión llegó cuando los asistentes siguieron por megafonía la intervención de la portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, que argumentó el voto contrario de su formación a los decretos. Sus palabras fueron respondidas con abucheos y gritos de «Fuera», evidenciando el rechazo frontal de los manifestantes a los razonamientos ofrecidos por la formación independentista para justificar una decisión que ha concentrado sobre ella buena parte del malestar social acumulado en torno al problema de la vivienda.

El voto de Junts resulta especialmente significativo por su capacidad de condicionar la aritmética parlamentaria en Madrid. Que un partido que se presenta como defensor de los intereses catalanes haya contribuido a bloquear medidas de política social recibe ahora el rechazo en la calle de quienes precisamente padecen esa crisis en Barcelona, una de las ciudades con el mercado del alquiler más tensionado del país.

La acampada de plaza Cataluña gana peso: ya superan las doscientas tiendas

Mientras se desarrollaba la concentración ante Junts, el campamento de plaza Cataluña continuaba creciendo. A la jornada del viernes, el número de tiendas instaladas había llegado a poco más de doscientas, casi el doble de las ciento veinte contabilizadas la noche anterior. El impulso llegó en buena medida tras la cacerolada del jueves en la plaza de Sant Jaume, donde la Guardia Urbana cifró en unas ochocientas personas la participación entre las ocho y las nueve de la noche.

El movimiento sigue así una dinámica de aceleración que, en apenas cuatro días desde su instalación el martes, ha convertido la acampada barcelonesa en un foco de presión política sobre las formaciones que votaron en contra de los decretos en el Congreso.